lunes, 13 de enero de 2020

Solognac, con Bea Alcoya

Comenzamos 2020

Enero nos espera, todavía tenemos un mes, incluso más en algunas Comunidades, para poder disfrutar de los días de caza. 

Haciendo balance de lo que llevamos de temporada, me paro a pensar en todo lo que este año nos ha dado. Probablemente muchos tendréis la sensación de que en cuanto a piezas abatidas ha sido un año nefasto, otros, como es mi caso, consideramos que este año ha sido mejor que los anteriores, aunque tampoco podemos dar saltos de alegría y es que está claro que algo está cambiando. Que las patirrojas ya no crían como antaño y que las manadas de jabalí se van desplazando hacia zonas de huerta más cercanas a los núcleos urbanos. 

Pero sin duda el cometido de este artículo de enero, no es hablar de los trofeos abatidos si no de la seguridad en la caza. 

Como en artículos anteriores, siempre intento mostraros Solognac desde mi visión más romántica de la caza. Todos sabéis, sobre todo aquellos que me conocéis, que la caza para mi es mucho más que una afición y que sin duda alguna es mi forma de vida y lo que me mueve en el día a día. 

Esta temporada como en otras, seguimos con las alertas en noticias sobre accidentes de caza, que muchas veces se saldan con las vidas de nuestros compañeros y aunque este sea un debate largo y puede generar opiniones muy variopintas, cierto es que toda precaución es poca. 

Mucho se podría decir sobre este aspecto de la caza, pero voy hablar desde mi propia experiencia contándoos una historia. 

Era enero, tenía 16 años, el fin de semana prometía, sábado y domingo muy montero, las últimas batidas de la temporada nos esperaban. Dos días intensos de kilómetros de monte, amigos y buenos lances (o al menos esa siempre es la ilusión con la que siempre voy a cazar). El sábado fue un día de amigos, de risas, de momentos tensos por los agarres y de una buena comida al calor de la lumbre en uno de mis lugares de caza favoritos, Aguilar del río Alhama. Al día siguiente, me esperaba mi monte, mi pueblo, el lugar donde aprendí a cazar y una jornada larga con mi padre. Estuvimos en la postura desde las nueve de la mañana y pese a que nuestra ilusión por un arranque de las reses no cesaba, ese no era el día para ninguno, fue una mañana altamente aburrida, pero la caza es así, inexplicable, improvisada, sorprendente. Llegadas casi las tres de la tarde, cuando ya estábamos dispuestos a recoger bártulos y marchar, un ciervo salto al cortafuegos. Todo ocurrió muy rápido, una de las balas impacto en uno de los compañeros de armada, una bala que rebotó y cambió de rumbo. Los momentos posteriores, o mejor dicho los días posteriores os los podéis imaginar. Gracias a Dios mi compañero salvó la vida y hoy puede contarlo. Pero no hay que decir, que toda esa experiencia me hizo reflexionar en muchos aspectos. 

Muchas son las veces que vemos noticias escabrosas en la televisión y siempre las vemos lejanas, fuera de nuestro alcance y pensamos que jamás nos pasara a nosotros, pero la verdad es muy distinta y es que todos estamos subidos en la ruleta rusa de la vida. 

De esta historia ya hace unos cuantos años y en aquel entonces, las prendas EPI (Equipo de protección individual) no eran obligatorias, prácticamente en ningún lugar de nuestra geografía, con los años, se va tomando mas conciencia de esto y a día de hoy todos debemos llevar mínimo una prenda fluorescente que permita detectarnos entre los montes españoles de un solo vistazo. 

Como ya vengo escribiendo en artículos anteriores, Solognac tiene también una amplia gama de productos para la seguridad de los cazadores, de nuestros acompañantes más pequeños y también de nuestros fieles compañeros perrunos. 

Gorras, viseras, guantes, chalecos, brazaletes, chaquetas, polares, abrigos un sinfín de artículos concebidos solo para nuestra seguridad pero que además cubren todas nuestras necesidades para la práctica de cualquier modalidad de caza y en cualquier clima. Por ejemplo la chaqueta Solognac 500 impermeable cálida, perfecta para esas batidas donde el hielo cubre todo el paisaje en las primeras horas del día. Al igual que la Chaqueta Solognac Supertrack impermeable para todas nosotras, cazadoras, que nos protege de la lluvia y los posibles desgarros consecuencia de esos barrancos intransitables, que se convierten en toda una aventura. 

No nos podemos olvidar de nuestros guerreros, nuestros perros, sin los que la caza no tendría ningún sentido. El chaleco Supertrack para perro, los protegerá de la vegetación y también los hará visibles en cualquier punto de las manchas. 

Además, no nos podemos olvidar de los más pequeños, nuestro relevo, nuestros pequeños cazadores, la importancia de que lleven una ropa de tejido EPI tendrá como consecuencia directa su protección, pero también les enseñara, con nuestro ejemplo que la seguridad en la caza es lo más importante de esta actividad. 

Y es que lo más importante de la caza, no son las piezas abatidas, lo más importante de la caza es poder volver, poder contarlo y poder compartirlo. 

Feliz fin de temporada a todos.





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