miércoles, 6 de enero de 2021

Pasión por la caza, con Montse D.H

CAZA EN GREDOS


¡Hola a todos! 

Lo primero, antes de nada, quiero desearos un ¡feliz año nuevo! Espero que hayáis tenido una buena salida de este 2020 y una mejor entrada.

Dejamos atrás un año atípico, amargo y muy duro en todos los sentidos. 

A todas esas personas que han perdido algún familiar o a alguien importante a cuenta del maldito virus, desde aquí os mando un beso muy grande. 

Estoy segura que 2021 nos traerá a todos cosas buenas y salud. 

Haciendo un balance de mi 2020 cinegético, pese a todas las circunstancias y no haber podido salir al monte todo lo que me gustaría ,no ha sido un mal año. Todo lo contrario. 

Corzo, corza, venado, cierva, jabalí y cabra son algunas de las especies que he podido abatir.

Pero es en esta última en la que quiero detenerme. Este puente de diciembre pude hacerme con una bonita cabra de 16 años de edad y con una longitud de 28 centímetros de cuerna, en Gredos.

Cazar en esta maravilla natural en forma de rocas, nieve y hielo para mí tiene un significado muy especial. Es mi tierra y cuando tienes el poder de hacer algo tan bonito en tu provincia la satisfacción es doble.

La verdad que sin mucho tiempo para asimilarlo me vi en un paraje de ensueño, nevado y con unas vistas espectaculares buscando así a la reina de Gredos.

Con previsiones de nieve decidimos empezar a cazar pronto pues no sabíamos la tregua que nos otorgaría el cielo. A las 8 de la mañana ya estábamos allí, una vez más acompañada de mi familia y con todas las capas de ropa posibles comenzamos un rececho precioso. La abundancia de caza quedó patente a los pocos minutos de comenzar a andar, viendo varios grupos de cabras con sus respectivos machos, algunos de ellos impresionantes trofeos medallables. Pero íbamos buscando hacer gestión intentando localizar una cabra vieja que cumpliera con los criterios que nos marcaría el guarda para poder abatirla. 

Continuando con el rececho, despacio por las enormes placas de hielo, pero sin perder el ritmo, seguimos viendo más machos y cabras, pero hasta el momento todas acompañadas por uno o dos chivos.

Después de una larga mañana caminando sobre el suelo totalmente nevado, avistamos un grupo de cabras con algún macho, el guía, una persona que me dejó totalmente sorprendida por su saber hacer y su increíble ojo, valoró un grupo que teníamos a unos 150 metros. Rápidamente me avisó de que en este grupo había una hembra que entraba en los criterios de búsqueda que nos habíamos marcado al iniciar la jornada: una cabra adulta, con una bonita cuerna y que no “tuviese chivo”. Pero no iba a ser nada fácil, al contrario de lo que pueda parecer, ya que se juntaba con el rebaño hasta que finalmente se tapó entre los espinos.

Continuamos nuestro camino y por fin apareció. Una cabra a la que él guarda valoró y dio el visto bueno. Tras localizarla y asegurarnos de que los dos nos referíamos al mismo animal, me dijo: ¡Esa es!
Sin mucho tiempo para que no me volviera a ocurrir lo anterior y evitando que se tapase, tiré mi mochila al suelo, y me preparé para el lance. 120 metros me separaban de este precioso animal el cual estaba comiendo y solo consiguiendo verle la mitad del cuerpo. Cada vez más tapada la metí en el visor y apreté suavemente, pero con decisión, el gatillo del 300WSM y en esta ocasión en el acto pude ver cómo cayó.

Tras el respectivo abrazo y quitándome la nieve de la ropa, nos dirigimos a ver el trofeo, ahí estaba: una preciosa cabra adulta. Tras pasar mi mano sobre ella como muestra de respeto hacia el animal, abrí su boca y... ¡para nuestra sorpresa solo la quedaba un diente! Más contenta aún si cabe por esta buena gestión, limpiamos la pieza y cortamos el precinto, pues los buitres ya habían oído la detonación y empezaban a levantar el vuelo desde las rocas que teníamos sobre nosotros.

De camino de vuelta y con menos presión pude seguir disfrutando de la multitud de caza y de estos parajes que entraña toda la sierra de Gredos.

Aproveché este rato para acercarme al guarda y preguntarle todo tipo de curiosidades sobre estos animales. 

Al rato volvimos a ver otro buen rebaño con un par de cabras también adultas, una de ellas acompañada por un chivo y la otra sola. Se me ofrece la posibilidad de abatirla pero está vez decido ceder el testigo a mi acompañante ya que a aguantado todo este tiempo a mi lado mis alegrías, victorias y fracasos.

Sin margen para dejarle reaccionar y casi sin creérselo le tiramos la mochila al suelo, tampoco era fácil con una distancia esta vez un poco más larga, de unos 160 metros y con la cabra muy tapada con el resto del rebaño había que esperar el momento adecuado. Cuando por fin se quedó unos metros sola, apretó el gatillo y la cabra cayó en el sitio. 

Tras las enhorabuenas y reacciones habituales tras él lance, nos acercamos a ella para preparar la carne y el trofeo. Otra bonita Cabra con 15 años y 27 centímetros de cuerna que quedara para él recuerdo.

Increíble, siendo casi las cuatro de la tarde, después de recechar toda la mañana nos dirigimos al coche con la sensación agridulce de haber vivido una jornada de caza única, pero a la vez la pena de saber que teníamos que terminar el día y quién sabe cuándo volveremos a tener una oportunidad así.

De vuelta al pueblo, en el coche, me comenta el propietario que es una pena no haber podido tirar alguna cierva para poder llevarnos algo de rica carne de venado al congelador, cuando en ese momento el guarda señala con el dedo justo por delante de nosotros y me dice que si me atrevo a tirar una cierva a unos 350 metros.

Los que me conocéis sabéis que eso a mi no se me puede decir, pues antes de terminar de indicarme donde se encontraba ya estaba imaginando el animal en la cruceta.

Y también casi sin esperarlo me veo en el suelo apoyada en una piedra. Medimos: 354 metros, corrijo la torreta, meto todos los aumentos de mi Burris y consigo meterla en el visor. El aire y la temperatura no ayudan, pero son solo unos segundos. Aprieto el gatillo y el primer tiro se me va un poco alto, la cierva sale corriendo, la silbo y a 310 metros se para. Es ahí en ese segundo y con toda la confianza puesta en mí misma cuando aguanto la respiración, paso suavemente el dedo por el gatillo helado y… sorpresa para todos: ¡Cae en el sitio!

La alegría y la satisfacción es increíble, sin creerlo pues nunca había hecho un tiro tan largo y en condiciones meteorológicas tan extremas. Nos acercamos y procedemos de nuevo con el ritual: una foto para el recuerdo, colocamos el precinto, limpiamos la pieza, y preparamos la carne.

Al llegar al pueblo nos esperaba un caldito caliente junto a la chimenea, preparado con todo el cariño del mundo por la familia del propietario. Comentamos los lances y les agradecemos su hospitalidad.

Ese día me lleve de Gredos dos cabras y una cierva, pero ante todo me lleve un amigo y un recuerdo imborrable de un entorno y unas personas maravillosas.

Esta es mi experiencia en Gredos, quiero dar las gracias infinitas al dueño de la finca, al guarda y a mi familia por conseguir que sea una de las experiencias Cinegeticas más bonitas que he vivido. 

Nos leemos en el siguiente artículo..

¡Viva la caza!


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