viernes, 18 de diciembre de 2020

Canes, por Rehalas León

 A la memoria de Tayson


Aunque no quepa en mí la emoción ante semejante cochino, quiero agradecer y dedicar este pequeño texto a Tayson, el perro de nuestro compañero Murillo, que perdió la vida el 11 de noviembre de 2017. 

Las anteriores ladras a las ciervas a escasos metros del sitio donde sucedió todo me hizo pensar que, ésta que daba comienzo sería otra de ellas, hasta que de repente entra en el zarzal y viene zarzal arriba buscando dejar atrás a los perros, que en superioridad numérica intentaban llegar a él. 

Una voz seca intentando cortar la huida del animal hacia nuestra posición y la ladra que cambia de tono al baqueteo típico de un agarre. 

- ”Corre, que le pinches tú" - le dije a mi acompañante, que observaba expectante junto a mí la algarabía que se había montado en cuestión de segundos. 

Pero al iniciar esta carrera algo no me cuadra, no chilla, ni se queja, y sin mirar atrás me dirijo rápido al lugar. 

Al rodear el zarzal me choco con mi hermano, muy próximo al agarre pero sin cuchillo y con algo de inexperiencia. Aquello no me olía bien por lo que le digo que me sujete la caracola y entro al zarzal en vez de brindarle la oportunidad de entrar a él, sabedor que los cochinos tienen mucha mas defensa en este entorno que en zonas mas abiertas. 

Y al entrar... Un gran bulto negro asoma por encima de la multitud de manchas blancas que se encontraban junto a él. No le veo la cabeza por lo que saco el cuchillo y a gatas inclino mi mano izquierda con la intención de hundirlo entre sus costillas. El perro que siente mi roce suelta la oreja derecha y el cochino midiendo sus fuerzas con el resto levanta a uno de los dogos que había prendidos del hocico, dejándome ver lo que a continuación veréis vosotros. 

Dos perros que se sueltan y el cochino que busca la huida hacia mi posición, pudiendo girar ligeramente sobre sus cuartos traseros donde se encuentran prendidos el Marqués, el Arco y la Cordobesa, haciéndome recular en la medida de lo posible. Este ligero error se ve corregido automáticamente por un par de perros de Carlos de Jaraíz, sujetando de nuevo la parte derecha de la cabeza del navajero. 

Y ahora sí, un apretón en la coraza y el cuchillo hasta la bola, pero sus fuerzas no merman, y sigue intentando desenvolverse de los perros por lo que vuelvo a introducir el cuchillo en el mismo lugar, dejando que el aire entre a lo que responde con una bocanada de sangre y el desplome momentos después. 

Le miro, no me lo creo, es una mezcla entre adrenalina y un estado de nervios que me quedan en shock. Me giro, le veo sonreír, y sé que aunque él no haya rematado ninguno he hecho lo que debía. No son situaciones para bromear ni perder el tiempo, y menos con un cochino así. Llega Carlos y me felicita, mi hermano se encuentra expectante pues nunca había visto un agarre con un guarro igual y esa sensación que te recorre el cuerpo es indescriptible. 

Me vuelvo a girar hacia el animal que ya se encuentra tendido, junto a él los perros victoriosos siguen mordiendo y observo algo que descuadra de nuevo mi pensamiento. Un collar en el suelo, impregnando en sangre, solo, miro a la cabeza del cochino y veo el corte en los pechos de mi Laila y las mantecas colgando de la barriga. 

La llamo rápido y sale, Carlos se dirige ya a retomar su mano y mi hermano sin pensarlo saca la grapadora y nos disponemos entre los dos a remendar lo que en nuestra mano está. Tras ello las fotos de rigor y ese estado de alegría que no puedo ocultar, no solo por el animal, sino por las personas con las que he compartido el lance. 

El collar resultó ser de Tayson, que tras la puntada en el cuello se dirigía a buscar a su dueño, no pudiendo salvar la vida de otro de los muchos valientes que nos dejan haciendo lo que más le gustaba, cazar.


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