miércoles, 4 de noviembre de 2020

Pasión por la caza, con Montse D.H

CAZANDO EN EL VALLE DE IRUELAS 

Detrás de cada foto hay una historia y ésta es sin duda una de las que te marcan. Dos días en la Reserva Natural del Valle de Iruelas, quién iba a decirme todo lo que me depararía. La caza es así, impredecible.

El primer día, quedamos a las 7.45 h con quien sería mi guía, Ismael, una persona a la que siempre guardaré un cariño enorme por su manera de tratarme, de cuidarme y de preocuparse por mí.

Con la berrea finalizada, como ya me había avisado, costaría más dar con el venado que estaba buscando. Comenzamos con un rececho donde pude ver bastante caza: corzos, zorros y algún jabalí, pero esta vez el asunto no iba con ellos.
Continuamos y localizamos un macho que encajaba con lo que íbamos buscando pero se tapó detrás de unos espinos, sigilosamente nos acercamos un poco más para poder localizarle, cuando por fin logré verlo, apoyé el rifle en mi trípode y antes de meterlo en el visor desapareció. Proseguimos por otra zona, pero ya camino del coche. La hora se nos echó encima. 

Después de dar por finalizada la mañana de caza almorzamos en el restaurante de la Reserva. Con una pequeña frustración de pensar que fueron tan solo unos segundos para poder culminar el lance, la tarde ya estaba en marcha.
Esta vez comenzamos una ruta en coche hacia la sierra con la esperanza de poder seguir viendo caza y la verdad que la tarde no defraudó. Descubrimos las increíbles vistas que ofrece la Reserva, el avistamiento de varias hembras y algún que otro macho que no cumplía con lo que buscaba, la tarde iba cayendo.

Iniciamos el descenso y localizamos un bonito venado, con las puntas largas pero muy agrupado, metido en una vaguada a unos 250 metros de mi posición. Con el trípode como único apoyo posible me preparé para el lance. Cuando lo tenía metido en la cruz, empezó a moverse y en el momento en que se paró efectué el disparo pensando que era certero, pero mi sorpresa fue que quedó un poco alto. Como dice el dicho: “para arriba y para abajo, apunta bajo”, seguro que no lo voy a olvidar.

Me quedé bastante decepcionada, sobre todo, porque la cruz del visor estaba perfectamente colocada y la torreta marcaba los 250 metros que me separaban de él.
Dando por finalizada la jornada y pensando en el día siguiente, volvemos a Ávila para descansar, poco, pues hemos quedado de nuevo a la misma hora.

Con una mañana un poco más fresca que la anterior, volvemos a hacer los 40 Km que separan mi casa de la Reserva. Ismael me ofrece la idea de hacer un rececho espectacular por unos riscos y pedrizas en los que suele moverse bastante caza. Subiendo en el coche ya pudimos ver algunos ejemplares a los que les faltaba un poco para cumplir.

Aparcando el coche comenzamos la subida, cruzamos un arroyo para poder ver la ladera que nos quedaba enfrente. Volviendo a descender pudimos ver varias hembras con un macho pero el ruido de la pedriza puso en alerta a todas las piezas.
Finalizó así la mañana de caza con un sabor agridulce apurando los últimos cartuchos para la tarde.

Esta vez, para tener más posibilidades, nos movimos en el coche a zonas que el guarda tenía controladas con la esperanza de localizar algún venado que cumpliera con lo buscado. Una tarde preciosa, parajes increíbles, pero el atardecer se nos estaba echando encima.
Con casi ninguna esperanza iba dando por finalizada esta aventura cuando Ismael decide meternos por una senda y casi sin creerlo, me avisa de que a nuestra izquierda tenemos a un venado que aunque más pequeño de lo que estaba buscando, cumple perfectamente con los criterios para poder abatirlo.

Preparo mi mochila como apoyo, apunto a la res que se encontraba a unos 110 metros entre dos grandes pinos, le meto en la cruz, aguanto la respiración, aprieto suavemente el gatillo y el 300WSM hace su trabajo, el animal cae en el sitio (no porque yo lo viera porque con el fogonazo fue imposible) sino por las palabras de enhorabuena de mis compañeros. Una sonrisa se dibujaba en mi cara, con la emoción abrazo a Jesús quien seguramente con más ilusión que yo, me acompañó desde el primer momento. No me lo podía creer, cuando ya daba todo por perdido, entre dos luces, ahí estaba con la cuerna apoyada en un pino arrodillado con sus dos patas delanteras. Precioso, un venado de 12 puntas al que estuve admirando durante varios minutos, está claro que no era lo que tenía en mente, pero me hizo tanta ilusión como si se tratara de un trofeo medallable. Lo acaricio como cada pieza que cazo y sin perder tiempo, pues ya es de noche, comenzamos a preparar la carne y cortar el trofeo. Con todo listo y ya en el coche agradezco infinitamente a Ismael su enorme trabajo, sus ganas y dedicación durante estos dos días. No puedo irme más contenta, he visto multitud de caza, unos parajes soñados por cualquier cazador, un recuerdo imborrable de cómo cacé mi primer venado en mi provincia y en un enclave idílico.

Un saludo nos leemos en el siguiente post.

¡VIVA LA CAZA!


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